Lo más importante de un pagaré no es únicamente que cumpla con los requisitos legales, sino que el deudor tenga capacidad económica de pago.
En la práctica, un pagaré puede estar perfectamente elaborado, cumpliendo con todos los requisitos que establece la ley: la mención de ser pagaré inserta en el documento, la promesa incondicional de pagar una suma determinada de dinero, el nombre del beneficiario, la fecha y lugar de pago, la fecha y lugar de suscripción, así como la firma del deudor.
Sin embargo, aun cuando el documento sea jurídicamente válido y permita obtener una sentencia condenatoria en un juicio ejecutivo mercantil, dicha resolución puede resultar inútil si el deudor no cuenta con bienes o ingresos suficientes para cumplir con el pago.
En otras palabras, un pagaré bien elaborado facilita ganar el juicio, pero no garantiza recuperar el dinero. Por ello, antes de aceptar o firmar un pagaré, es fundamental analizar la solvencia del deudor.
Un documento legal sin respaldo económico real puede convertirse únicamente en un papel sin valor práctico.